Empieza el frío, arranca la guardería y con ella la primera cadena de catarros. El bebé duerme a ratos, se despierta cada media hora, come menos porque no puede respirar y mamar a la vez, y tú te pasas la noche escuchando cómo le suena el pecho. Es una de las consultas que más recibimos entre octubre y marzo, y casi siempre con la misma duda: ¿se puede hacer algo o solo queda esperar a que pase?

Se puede hacer bastante. La fisioterapia respiratoria en bebés no cura el virus, pero ayuda a que las secreciones salgan, a que el bebé respire con menos esfuerzo ya que vuelva a comer ya dormir. En Fisio Vicetto la trabajamos con técnicas suaves, adaptadas a la edad, y siempre en coordinación con el pediatra.

¿Por qué los mocos afectan tanto a un bebé?

Un adulto con la nariz cargada se suena y sigue con su día. Un lactante no tiene esa opción, y por varios motivos a la vez:

El resultado es una cadena que las familias conocen bien: el moco de la nariz baja hacia la garganta, de ahí al bronquio, y lo que empezó como un catarro leve termina en bronquiolitis, ruidos al respirar y noches sin dormir.

¿Qué es exactamente la fisioterapia respiratoria pediátrica?

Es un conjunto de maniobras manuales que aprovechan la propia respiración del bebé para movilizar las secreciones desde las zonas profundas hasta la boca y la nariz, donde ya se pueden expulsar o tragar. Nada de aparatos, nada de fuerza. Lo que usamos es el ritmo respiratorio del pequeño y una presión manual muy medida sobre el tórax y el abdomen.

Las técnicas que aplicamos hoy, basadas en la evidencia actual, son básicamente estas:

Merece la pena aclarar lo que ya no se hace. Los golpecitos en la espalda con la mano hueca, las vibraciones intensas y las posturas con el bebé boca abajo y la cabeza más baja que el pecho quedó atrás: no aportan beneficio en el lactante y pueden provocar reflujo, vómitos o desaturación. Si te ofrecen eso, pregunta.

Cómo es una sesión

Dura unos treinta minutos y empieza siempre por la valoración: escuchamos el pecho con el fonendoscopio, miramos cómo respira, cuántas veces por minuto, si mete costillas, cómo tiene la nariz y qué nos contáis vosotros de las últimas noches y de las tomas. Con eso decidimos qué técnicas tocan ese día, porque no es lo mismo un bebé con la nariz taponada que uno con secreción ya en el bronquio.

Durante las maniobras es normal que llore. No es dolor, es incomodidad y sorpresa, igual que cuando le cambias el pañal a disgusto. De hecho el llanto nos viene bien: mueve aire. También es frecuente que al final expulse un moco importante o vomite algo de secreción con restos de leche, así que conviene traerlo con la toma hecha al menos media hora antes. Casi todos los bebés se quedan tranquilos en cuanto acaba, y muchos duermen esa noche mejor que en toda la semana. Con dos o tres sesiones se resuelven la mayoría de los cuadros; en catarros muy productivos pueden hacer falta algunas más.

¿Es seguro?

Sí, en manos de un fisioterapeuta con formación pediátrica y con la indicación correcta. Por eso valoramos antes de tocar y por eso no tratamos a todos los bebés que llegan con tos: hay situaciones en las que lo indicado es esperar o volver al pediatra, y decirlo también forma parte de nuestro trabajo.

¿Cuándo está indicado y cuándo no?

Tiene sentido plantearla cuando hay secreción que el bebé no consigue moverse :

No es el momento si hay fiebre alta, dificultad respiratoria importante en las primeras horas del cuadro, laringitis, pausas de respiración o sibilancias sin secreción. Ahí lo que hace falta es valoración médica, no manos sobre el tórax.

Señales que no permiten espera

Acude a urgencias o llama a tu pediatra si el bebé respira muy rápido y con esfuerzo, si hunde las costillas o el hueco del cuello al inspirar, si se le marca un color azulado en los labios, si rechaza el pecho o el biberón de forma repetida, si hace pausas al respirar o si está anormalmente decaído. La fisioterapia respiratoria acompaña al tratamiento médico, nunca lo sustituye.

Lo que puedes hacer en casa

Respirar, mamar y moverse juntos

En los primeros meses todo está conectado. Un bebé que respira mal viene peor, y un bebé que no mueve bien la lengua ni coordina bien la respiración durante la toma: por eso valoramos la boca cuando hay dificultades de lactancia, y por eso insistimos tanto en el trabajo funcional en los casos de frenillo lingual corto y sus ejercicios tras la frenotomía . Lo mismo pasa con la postura: un bebé congestionado tiende a girar siempre hacia el mismo lado ya moverse menos, algo que conviene vigilar por su relación con la prevención y el tratamiento de la plagiocefalia . Y si además hay gases o llanto por la tarde, el trabajo abdominal suave que enseñamos en el taller de masaje infantil y cólicos se combina perfectamente con las sesiones de respiratoria.

Cuando pedir la valoración

Nuestra recomendación es sencilla: si tu bebé lleva más de tres o cuatro días con mocos que claramente no puede expulsar, duerme a trompicones o ha empezado a comer menos, no esperes a que el cuadro se complique. Una valoración a tiempo suele ahorrar semanas de tos, alguna visita a urgencias y, sobre todo, muchas noches en vela para toda la casa.

Escríbenos y te damos hueco esta misma semana en nuestra unidad de fisioterapia pediátrica en Madrid: pide tu cita aquí y nos cuentas cómo está.

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